jueves, 24 de julio de 2008

Rastafarismo

El movimiento rastafari es un movimiento socio-cultural que considera al emperador de Etiopía Haile Selassie I, antes llamado el Príncipe Ras Tafari (en Amharico), la encarnación de Cristo en su carácter de Dios como Rey, a Marcus Garvey como la encarnación de Cristo en su carácter de Dios como Profeta y al Príncipe Emmanuel Charles Edwards como la reencarnación de Cristo en su carácter de Dios como Sumo Sacerdote, conformando de esta forma una Santa Trinidad. Otro pilar fundamental es la reivindicación del panafricanismo (la reivindicación de unidad de los descendientes de africanos oprimidos durante la historia reciente).

Surgió en los comienzos de los años 1930 en Jamaica a partir de profecías bíblicas que atribuyeron la divinidad a Selassie, el deseo de los descendientes de esclavos negros de volver a Africa, de las aspiraciones sociales y culturales de la comunidad negra y de las enseñanzas del organizador nacido en Jamaica Marcus Mosiah Garvey que clamaba "Africa para los africanos y Europa para los europeos". La visión social y cultural de Garvey inspiró a los fundadores del movimiento, que le consideraron como un profeta.

El rastafarismo surgió entre la población negra de clase trabajadora en Jamaica, y permanece en defensa de la Supremacía Negra, que se interpreta como la supremacía del bien sobre el mal, el color negro representa al bien y en ninguna forma tiene que ver con el color de piel de los hombres. Hoy en día el movimiento se ha extendido a lo largo de gran parte del mundo y tiene seguidores provenientes de distintas culturas, lenguas y naciones. Son erróneamente conocidos por su devoción a la música de reggae cuando en realidad la música reggae[3] no forma parte del Orden Ceremonial Rastafari. La Ganja no necesariamente forma parte del Orden de Vida Rastafari.




viernes, 11 de julio de 2008

Cristianismo

El cristianismo es una religión monoteísta de origen judío que se basa en el reconocimiento de Jesús de Nazaret como su fundador y figura central. Sus seguidores creen que Jesús es el hijo de Dios y el Mesías (o Cristo) profetizado en el Antiguo Testamento, muriendo por los pecados del género humano, resucitando luego de ello.
Dentro de sus escritos sagrados, comparte con el judaísmo el
Tanaj, llamado Antiguo Testamento por los cristianos. Por este motivo es considerada una religión abrahámica junto al Judaísmo y al Islam.
Sus inicios datan del año
33[1] aproximadamente, cuando era considerada una secta judía al igual que otras creencias de la época.[2] Desde que el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano en el siglo IV, ha influído de manera significativa en la cultura occidental y en muchas otras culturas a través del mundo. En la actualidad posee más de 2.100 millones de adherentes,[3] o cerca de un tercio de la población mundial, siendo la religión con más seguidores del mundo.
La palabra "cristianismo" proviene del
griego χριστιανους, christianóus, ‘cristiano’, la cual a su vez proviene del nombre propio Χριστός, Christós, traducción del hebreo "Mesías" que significa "Ungido".



Cristianismo básico
INTRODUCCIÓN
En el mundo contemporáneo, hay muchos que rechazan a la
Iglesia de Jesucristo pero aceptan amigablemente la figura de Jesús de Nazaret. Son personas que se oponen a cualquier cosa que huela a institución; detestan "lo establecido", y rechazan a la Iglesia, no sin cierta justificación, porque la consideran intolerante, corrompida, mundana.
Muchos que rechazan a la
Iglesia no rechazan a Jesucristo mismo. La actitud crítica de tales personas se debe en gran medida a que ven una gran contradicción entre la vida, obra y enseñanzas del fundador del cristianismo y la actuación histórica de las Iglesias que dicen ser fundadas por él.
Sin embargo, la
persona y la enseñanza de Jesucristo no han perdido ni vigencia ni atractivo. Tales personas leen en los Evangelios cómo Jesucristo mismo se opuso a la institución religiosa judía de su tiempo. Y simpatizan con Él.
Descubren que muchas de sus enseñanzas encierran
principios revolucionarios, y, sobre todo, que Jesucristo incuestionablemente no sólo enseñó sobre la paz y el amor, sino que practicó lo que enseñó. Por eso sus ideales han permanecido incorruptibles a través de los siglos.
Pero, ¿Cuál es la verdad sobre Jesucristo? Muchas personas dan por sentado que el
cristianismo es la verdad; pero con el correr del tiempo deciden que es mejor echar por la borda la fe de la niñez en lugar de esforzarse por profundizar en el conocimiento y en la vivencia de ella.
Muchas otras personas no crecen en ambientes cristianos, y en su lugar absorben enseñanzas metafísicas de la mal llamada "nueva era", del espiritismo, de las
religiones estáticas de la India o del Lejano Oriente, del secularismo humanista, del consumismo capitalista o de las últimas modas religiosas de misterio o de filosofías existenciales.
Pero si tales personas pudieran profundizar en su estudio sobre Jesucristo hallarían que éste sigue ejerciendo una fascinación impresionante. Por esta razón, en esta serie de estudios que exponemos en las páginas siguientes y que hemos titulado Cristianismo Básico, haremos un absoluto énfasis en la
persona histórica de Jesucristo.
Un hecho innegable es que fue un ser humano en toda la extensión de la palabra. Nació, creció, trabajó, sudó, descansó y durmió, comió y bebió, sufrió y murió como todo ser humano. Tuvo cuerpo, sentimientos y
emociones verdaderamente humanas.
Pero, la Biblia también enseña que Él fue, en algún sentido, Dios mismo: ¿Podemos creer también que Dios estaba en Jesucristo? ¿Hay evidencias que apoyen tan sorprendente afirmación de que el carpintero de Nazaret era también el Hijo Unigénito de Dios hecho carne?
Esta es la pregunta fundamental. No podemos esquivarla. Y a tratar de responderla nos dedicaremos en nuestras reflexiones. Para ello, trataremos de estudiar y compendiar las ideas expuestas por el teólogo evangélico británico John R. Stott, cuya amplísima obra, desconocida en gran parte de
América Latina, trataremos de adaptar apropiadamente, acomodándolo a nuestra realidad hispanoamericana y a nuestros lectores de hoy.
"EN EL PRINCIPIO DIOS..."
"En el principio Dios..." son las primeras palabras de la Biblia. Son algo más que la introducción al
libro de Génesis o la narración de la Creación. Estas palabras son la llave que abre nuestra comprensión de toda la Biblia. Ellas nos revelan que la Biblia es la historia de la iniciativa de Dios.
Por definición, toda
religión es el intento humano para buscar, acercarse y tratar de agradar a Dios. Pero la Biblia no nos habla de religión; nos habla de un Dios que ha tomado la iniciativa para buscar al hombre.
Dios es quien ha dado el primer paso; antes de que
el hombre existiera e intentara buscarlo, ya Dios había salido en su búsqueda. La Biblia no nos muestra al hombre tanteando por encontrar a Dios, sino a Dios saliendo de sí mismo para encontrar al hombre.
Muchos tienen la idea de un Dios sentado en su trono, distante, separado, desinteresado e indiferente a las necesidades de los hombres, esperando hasta que los continuos gritos de éstos lo saquen de su profundo sueño para intervenir en su favor. Este
concepto es falso, pero, ampliamente extendido.
La Biblia revela a un Dios que toma la iniciativa, se levanta, deja su gloria, se rebaja, se humilla para buscar al
hombre mucho antes de que a éste, que se encuentra envuelto en la oscuridad y hundido en el pecado, se le ocurra intentar volverse a Él.
Esta actividad soberana de Dios se revela en varias maneras. Dios tomó la iniciativa en la Creación: "En el principio Dios creó los cielos y la tierra". Dios tomó la iniciativa de darse a conocer, de revelarse al
hombre: "En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de diversas maneras, por medio de los profetas; y ahora, en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio de su Hijo" (Carta a los Hebreos 1:1-2).
Dios también tomó la iniciativa para salvar al hombre, porque "Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo". "Dios... ha venido a nosotros y nos ha salvado" (Lucas 1:68).
Ésta es una síntesis del mensaje de la Biblia: Dios creó, Dios habló, Dios actuó. Ésta es toda la revelación bíblica. El
cristianismo bíblico no es una religión, porque simplemente no es el producto del pensamiento humano. Es la revelación de que Dios habló y actuó en la figura histórica de Jesucristo.
Si Dios habló, Jesucristo es la Palabra más grande pronunciada por Dios. Si Dios actuó, actuó en Jesucristo. Dios dijo algo, Dios hizo algo, el
cristianismo no es simple piadosa palabrería humana. Tampoco es una colección de dichos de sabios o de leyes morales y religiosas.
DIOS HA HABLADO
El
cristianismo es Cristo, una persona, no una religión; no es un catálogo de reglamentos morales. Es un Evangelio, es decir, una buena noticia; es la noticia de que Dios habló y actuó en Jesucristo para la redención del hombre.
La fe bíblica no es una invitación al hombre para que haga algo para Dios; es la invitación para que
el hombre reciba lo que Dios ya ha hecho por y para el hombre.
El ser humano es insaciable en su búsqueda del saber. Su mente está estructurada de tal modo que nunca puede permanecer en reposo. Siempre busca lo desconocido, sin tregua ni descanso. Nunca se cansa de preguntar, como los niños, ¿Por qué?
Sin embargo, cuando la mente humana empieza a preocuparse de Dios, se queda perpleja. Tantea en la oscuridad. Tropieza. Esto no debería extrañarnos, porque Dios es infinito, y nosotros criaturas finitas. Dios está totalmente fuera de nuestro alcance.
Por consiguiente, nuestra mente no puede ayudarnos en este particular, no puede subir hasta la mente infinita de Dios; no hay escaleras, ni grandes ni chiquitas, para subir hasta la mente infinita de Dios. Entre Dios y los hombres sólo hay un vasto e inmensurable océano.
Esta situación hubiera permanecido así eternamente, si Dios no hubiera tomado la iniciativa para remediarla.
El hombre sería sin duda un adorador, un ser religioso, porque en su naturaleza está ser religioso, pero en todos sus altares estaría la inscripción que Pablo encontró en Atenas: "Al Dios no conocido"
Pero, Dios ha hablado. Ha tomado la iniciativa de darse a conocer a sí mismo. Dios ha descubierto ante nuestra mente lo que de otro modo hubiera permanecido encubierto, escondido, porque sólo una parte de la revelación de Dios la encontramos en la
naturaleza:
"Los cielos cuentan la gloria de Dios; de su creación nos habla la bóveda celeste" (Salmo 19:1)Pues, "lo invisible de Dios puede conocerse por medio de las cosas que Él ha hecho" (Romanos 1:19).
Esta revelación natural sólo hace que
el hombre conozca de la existencia, del poder y de la gloria de Dios. Pero si el ser humano quiere conocer personalmente a Dios y entrar en comunión personal con Él necesita otra clase de revelación.
Esta revelación debe incluir su santidad, su
amor y su poder para salvar del mal y del pecado. Y esta es la revelación que Dios nos ha dado de sí mismo en La Biblia, a través de la historia: de Israel, en el Antiguo Testamento, y de la Iglesia, en el Nuevo.
La revelación que Dios hizo de sí mismo tuvo su máxima expresión en la
persona, vida, obra y enseñanza de Jesucristo. El modo en que La Biblia explica y describe esta revelación es diciendo: "Dios ha hablado". Cuando alguien habla llegamos a saber cómo es, qué piensa: "Habla, y te diré quién eres", dice un refrán popular. Si es absolutamente verdadero el deseo de los hombres de comunicarse entre sí, es tanto más verdadero el hecho de que Dios desea comunicar su pensamiento infinito a nuestras mentes finitas. Pero, jamás hubiéramos conocido a Dios si Él no hubiera revestido su pensamiento con palabras.
Así es como habla La Biblia, con palabra humana. La Palabra de Dios fue revelada a los Profetas hasta que vino "aquel que es la Palabra", Jesucristo mismo. "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros", por un poco de
tiempo, "y vimos su Gloria" (Evangelio de Juan 1:14-18).
El hombre no llega a conocer a Dios por medio de su propia sabiduría, sino por La Palabra de Dios; es decir, de "su mensaje". No por medio de la razón humana sino por la revelación que Él ha hecho de sí mismo.
Una buena parte de la controversia entre
la ciencia y la fe ha surgido porque no se tuvo en cuenta este punto de vista. El método científico no es adecuado en la esfera de lo espiritual.
El
pensamiento científico avanza empleando la observación y el experimento. Opera con los datos e informaciones que le suplen los cinco sentidos. Pero en el terreno de lo espiritual no hay datos inmediatamente disponibles.
Hoy, Dios no es tangible, visible o audible; sin embargo, hubo un
tiempo en que Él tuvo a bien hablar y revestirse de un cuerpo que podía verse, oírse y palparse.
Así lo afirma el apóstol Juan: "Les escribimos de aquello que ya existía desde el principio, de lo que hemos oído y hemos visto con nuestros propios ojos; pues lo hemos mirado y lo hemos tocado con nuestras manos" (I de Juan 1:1).




"Dice el necio en su corazón: no hay Dios. Se han corrompido, hacen obras despreciables, no hay quien haga lo bueno. Dios miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno" (Salmo 14:1-3).
Y sin embargo, Jesucristo prometió: "Busquen y encontrarán". Dios desea ser hallado, pero lo será únicamente de aquellos que lo buscan. Tenemos que buscar con diligencia, como
la mujer que revolvió toda su casa hasta encontrar la moneda perdida.
El problema que tenemos entre manos es muy serio, y tenemos que aplicarnos en cuerpo y alma a la búsqueda, porque Dios recompensa a los que lo buscan,
Tenemos que buscar humildemente. Si para algunos, la apatía y la negligencia son impedimentos, para muchos el orgullo es el estorbo más común y mayor. Es preciso admitir con toda humildad que nuestra mente finita es incapaz de descubrir a Dios por su propio esfuerzo, sin la ayuda de la revelación que Él ha dado de Sí mismo.
Esto no quiere decir que debemos renunciar a nuestro
pensamiento racional; al contrario, Dios no quiere que seamos como el mulo sin entendimiento. Tenemos que usar nuestra mente, pero sabiendo nuestras limitaciones. Por eso Jesucristo mismo dijo:
"Te alabo Padre, Señor del Cielo y de
la Tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí, Padre, porque así te agradó".(Mateo 11:25).
Esta es una de las razones por las que Jesús amó a los niños, porque son enseñables; no son orgullosos ni auto-suficientes. Para buscar y encontrar a Dios tenemos que poseer la mente abierta, humilde y receptiva de los niños.
Tenemos que buscar honradamente. Al acer-carnos a la revelación de Dios debemos hacerlo libres de prejuicios, con una mente abierta. Muchos se acercan a la Biblia con juicios ya preconcebidos; pero la promesa de Dios es para los que le buscan con sinceridad: "Uds. me buscarán y me hallarán, porque me buscarán de todo
corazón".

Un poco de simbologia cristiana

SIMBOLOGÍA CRISTIANA


  • SIMBOLOGÍA CRISTIANA


  • El águila: Tiene distintos significados en la simbología cristiana: en algunos casos se asocia con el bautismo porque una leyenda se refería al águila que renovaba su juventud lanzándose tres veces a una fuente de agua muy pura. (Como ya vimos, el neófito se sumerge tres veces en el agua para resurgir a una vida nueva). El águila también es símbolo de san Juan porque los escritos de este evangelista son tan elevados como el vuelo del águila. También a san Agustín se le conoce como el Águila de Hipona.
  • La paloma: Es el símbolo de la paz. En la narración del Diluvio ella trajo un ramo de olivo al arca para indicar que el peligro del diluvio había cesado y se establecía la alianza entre Dios y los hombres. En el Nuevo Testamento la paloma simboliza al Espíritu Santo.
  • El buitre: Representa la avaricia.
  • La gallina: A pesar de lo que pudiera parecer, en la Biblia es el símbolo de la valentía y del cariño. Reúne a sus polluelos bajo las alas y es capaz de dar la vida en su defensa.
  • El gallo: Es el símbolo de la vigilancia y también emblema de san Pedro quien negó a Jesús tres veces antes de que el gallo cantara por la mañana.
  • El pelícano: Simboliza a Jesucristo porque, según la mitología, esta ave alimenta a sus crías con su propia sangre. Es por eso que el pelícano aparece en el arte cristiano en los altares y en la puerta de algunos sagrarios.
  • El pavo real: Representa el esplendor de la resurrección de Cristo.
  • El cordero: Simboliza a Cristo. san Juan señalando a Jesús, su primo, dijo: «He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Por eso a San Juan Bautista se le representa junto a un cordero que lleva entre sus patas delanteras una cruz. Jesús también es el cordero pascual sacrificado para aliento de los hombres.
  • El cocodrilo: Simboliza la hipocresía y el disimulo.
  • El perro: Es el símbolo de la fidelidad.
  • El lobo y la serpiente: Se asocian con el demonio (Jesús en sus parábolas se presenta como el buen pastor que defiende a sus ovejas contra los ataques del lobo. La serpiente representa al demonio tentando a los primeros padres).
  • El cerdo y el mono: Frecuentemente aparecen como el símbolo de la gula y la lujuria.
  • El árbol: A veces significa el árbol del Paraíso. Otras veces, la Cruz de Cristo.
  • La palmera: Representa el triunfo en defensa de la fe. A los mártires se les representa con una rama de palmera como signo de su triunfo contra la muerte.
  • El ancla: La esperanza y la fe que dan seguridad.
  • El pez: Simboliza a Cristo porque las letras que forman esta palabra en griego son las mismas de la sigla que se refiere a Cristo.
  • La nave: Es la imagen de la Iglesia dirigida por Pedro. Al apóstol Pedro también se le representa con las llaves del Reino.
  • Un pastor con una oveja al hombro: Cristo Salvador es el Buen Pastor.
  • El cirio: La llama simboliza la divinidad de Cristo y la cera que se consume la humanidad.
  • Un león al lado de un sepulcro: La resurrección.
  • El círculo: Lo que no tiene principio ni fin: la eternidad.
  • El triángulo equilátero: Las tres divinas personas de la Santísima Trinidad.



viernes, 4 de julio de 2008

Dios nos creo con libertad. Por eso uno puede crear un debate

Este debate plantea si Dios existe o no. Dios nos creo libres para que pensemos y hagamos lo que querramos, luego queda en que es lo que debemos y que no hacer.
Es cuestion de fé creer o no. Las diferencias entre creer y no, existen, si queremos buscar la verdad o no tambien es cosa nuestra y tenemos la libertad. Queda en querer

DEBATE